Vivir desde la no-dualidad

Luz y oscuridad, día y noche.

Existe una tendencia, primitiva y universal, a ordenar la realidad en pares opuestos. Algunos científicos lo llaman el operador binario, es decir, una especie de módulo que hace posible el pensamiento dualista y que está localizado en el lóbulo parietal izquierdo de nuestro cerebro.

Es de suponer que nosotros hemos desarrollado esta capacidad o facultad – ordenar la realidad en términos antitéticos – porque de esta manera adquirimos conocimientos sobre el mundo que nos rodea. Esta es la tarea fundamental del cerebro que, a su vez, necesita esa información para garantizar nuestra supervivencia en el entorno.

Una de las expresiones más simples de esta dicotomía es la que existe entre Yo y el mundo. Es gracias al pensamiento dualista que diferenciamos claramente entre el Yo y el resto de lo creado.

Cuando esta forma de pensar, entre oposiciones binarias, deja de funcionar, las fronteras del Yo también desaparecen y puede ocurrir que la persona entre en éxtasis o que entre en una psicosis. Los maestros zen dicen que una vez que desaparece la separación entre el Yo y el mundo es cuando accedemos a la realidad tal y como es, cuando conseguimos ver sin velos.

Algunos de los textos más antiguos de la humanidad ya hablan del nacimiento de este sistema binario a partir de la Totalidad. Por ejemplo en el Tao Te Ching, escrito por Lao Tse, filósofo chino del siglo IV antes de Cristo, se dice que el Tao engendra el Uno, el Uno engendra el dos (ya tenemos el dualismo), el dos engendra el tres y el tres los diez mil seres que llevan a sus espaldas el Yin que es la oscuridad, y en sus brazos el Yan, que es la luz (otro dualismo, oscuridad y luz).

Es decir, Lao Tse parte de la Unidad suprema o TAO y sostiene que a partir de ahí se llega a la división dualista de Cielo y Tierra, dos principios contradictorios que llevan consigo los diez mil seres.

Lo anterior podría interpretarse como la historia del surgimiento del pensamiento dualista en el hemisferio dominante, operador que analiza la realidad por contraposición de opuestos y que surge de una sensación de Totalidad.

En muchos mitos cosmogónicos, que explican la creación del mundo, se suele partir de la Unidad que genera la dualidad o la conciencia egoica que es dualista, es decir la conciencia de estar separados.

La división del Uno en dos es común a innumerables mitologías, a veces la pareja de dioses o seres poderosos que surgen del Uno o de la Totalidad son elementos contrapuestos, incluso enfrentados entre sí.

El dualismo como vemos es una característica que nuestro cerebro ha adquirido durante millones de años de evolución para garantizar nuestra supervivencia, pero llevado a extremos exacerbados también ha tenido consecuencias catastróficas para la humanidad.

La crisis del modelo dual ha venido de la mano de una nueva intuición que podemos calificar de revolucionaria: el reconocimiento de la unidad indisoluble sujeto/objeto. Ya desde la antigüedad algunos maestros supieron reconocer esa característica dual de nuestro cerebro y al mismo tiempo descubrieron otro modo de conocer al que, paradójicamente, también nos ayuda nuestro cerebro, silenciándolo o aparentemente, no usándolo. Así llegamos a “deja de hablar y de pensar y no habrá nada que no puedas saber” que nos dice el Shin Jin Mei.

Es decir, podemos acceder a otro modo de conocer, a través de la no- mente, un modo de conocer y de vivir no-dual del que hablaremos durante las próximas semanas.

Extracto de la conferencia “El pensamiento dualista” de don Francisco J. Rubia, Colegio Libre de eméritos.

Enrique Martínez Lozano, Otro modo de ver, otro modo de vivir. Invitación a la no-dualidad, Desclée De Brouwer.