No – dualidad y sentido de la vida

Reflexiones

La pregunta por el sentido de la vida únicamente podrá recibir una respuesta adecuada si se responde previamente a la cuestión esencial: ¿quién soy yo?

Yo soy el Mar, con forma de ola, pero soy el Mar y siempre lo seré. Esa es mi esencia, también la puedo llamar Totalidad, Amor, Dios, Vida, eso es permanente, siempre va conmigo.

Nos percatamos de que el sentido tiene un carácter permanente y totalizador: es lo que permanece siempre -frente a la impermanencia característica de las formas- y abraza a la totalidad de lo que es.
Esto resulta admirablemente coherente: si lo Real es una inmensa red en la que nada queda desconectado, el sentido participa de esa misma característica de Unidad que todo lo abraza.

Cuando tras el silencio de la mente, despertamos, todo queda modificado. Anclados en nuestra verdadera identidad, experimentamos la Vida que fluye: todo es Presencia, Consciencia, Amor… Enraizados ahí, la plenitud no es un objeto que lograr, sino otro nombre de nuestra identidad; no es algo inasible que necesita ser proyectado al futuro -tal como hace el yo-, sino exactamente lo contrario: aquello que nos constituye.

Mi mente seguirá sin tener todas las respuestas, pero lo que soy lo experimento como una certeza que supera toda duda.
Dejo de proyectar el sentido en cualquier otro objeto (material o mental, dinero, poder, salud, parejas, éxito, etc.) para descubrirlo como el fondo permanente de lo Real que en todo momento me sostiene, porque en realidad me constituye, porque soy ola y porque soy Mar.

El “propósito” o sentido de la vida no consiste en otra cosa que en ser lo que somos, vivir conscientemente en el presente, hacer lo que en este momento estamos haciendo…; es así cuando nos “reconocemos uno” con la Vida, con Dios… Es la plenitud de sentido.

Enrique Martínez Lozano.
Otro modo de ver, otro modo de vivir. Invitación a la no-dualidad.
Desclée De Brouwer.