La Vía del Pájaro (Chôdô)

La Vía del Pájaro (Chôdô)

 

La Vía del Pájaro

(Chôdô)

 

Un monje preguntó al maestro Dongshan Liangjie:

“Usted nos dice siempre que sigamos la vía del pájaro. No comprendo, ¿qué es la vía del pájaro?”

El maestro dijo: “No encontrar a nadie.”

¿Cómo seguirla?”

El maestro respondió: “Tan solo te hace falta ir sin sandalias en los pies.”

 

(Recopilación de la transmisión de la lámpara en la era Jingdei)

 

“Practicar secretamente, permanecer en lo invisible y vivir lo ordinario»; no existe otra definición para decir la verdad del zen.

Muchas fórmulas y metáforas chinas evocan este ejercicio de la transparencia. Se habla de ocultar las huellas o de convertirse en un idiota.

El maestro Dongshan (ss. IX) habla de tomar “la vía del pájaro”, chôdô. El pájaro vuela en el cielo. A veces desaparece, a veces aparece ante nuestra mirada, pero no deja nunca huellas en el inmaculado cielo azul.

Existen diferentes maneras de vivir y de proclamar lo invisible – según los tiempos, el humor, el carácter propio de cada uno-.

Dôgen informa que Rujing, su maestro chino, rechazó el hábito violeta y el título oficial de “maestro de meditación”, que el emperador Ning le había concedido y que debían afirmar su estatus de abad de uno de los más grandes monasterios de la época. Declinó la oferta por carta y recibió simplemente como respuesta té del emperador.

Rujing prefirió la ropa negra de los simples monjes y cultivar lo ordinario. Sin preocuparse de los títulos o del renombre (Dôgen, La Práctica mantenida).

(La vía del pájaro Éric Rommeluère)

 

Comentario:

“La fama y sus ataduras, el provecho y sus cadenas, que pasan y no permanecen,
Oscurezco mis huellas en la niebla y las nubes, en medio del agua y las piedras.

Cuezo legumbres en una marmita de pies curvos, al permanecer en las montañas, sigo sin esfuerzo el estilo de los antiguos”.

 

(Daichi Sôkei , 1290-1366)

 

 

El gran maestro contemporáneo Éric Rommeluère destaca en la práctica de Zazen el tema de la invisibilidad afirmando que “la invisibilidad encuentra evidentemente su fuente en una visión típicamente china de la relación del individuo con el mundo y con la naturaleza”.

Pero este ideal conlleva algo más que trasciende los marcos culturales chinos o japoneses. Yo no creo que la desaparición tenga necesariamente que ser física. Se trata ante todo de una renuncia interior.

Podemos permanecer invisibles tanto dentro como fuera del mundo. La acción compasiva es en él más eficaz.

Incluso Daichi, que sin embargo había elegido la desaparición en las montañas, lo dice:

“El maestro que está en el interior de la ermita, es en el exterior que lo buscan,

Tuvieron viento tranquilo y es en el ruido que le preguntan. Sin ninguna duda, los hombres de la vía no han estado jamás fuera de las nubes.

Pero cuando se está sin mente, dondequiera que vayamos, se trata de una montaña”.

 

En el Zendo Ryokan, Finales de Mayo y principio de Junio del 2017

Celso Navarro Medina