El testigo (Ken Wilber)

El Testigo, Ken Wilber

El alma, en el sentido en que estoy ahora usando el término, es una especie de estadio de transición entre la mente-ego personal y el espíritu impersonal o transpersonal.

El alma es el Testigo que resplandece dentro de ti. Por ello digo que el alma es el hogar del Testigo. Cuando te asientas en el alma lo haces como Testigo, como Yo verdadero. Cuando trasciendes el nivel del alma, el Testigo se funde con todo lo que observa y eres uno con todo aquello de lo que tienes conciencia.

No se trata entonces de que observes las nubes, porque te habrás convertido en las mismas nubes. Eso es el Espíritu…

Desde cierta perspectiva, el alma o el Testigo es el estadio más elevado del camino de regreso al Espíritu pero, desde otra, es el último obstáculo que nos impide acceder al Espíritu.

Sólo desde el Testigo puedes, por así decirlo, saltar al Espíritu pero, llegado el momento, hasta el mismo Testigo debe disolverse o morir.

Y es que, para poder alcanzar tu identidad suprema con el Espíritu, tu alma debe ser sacrificada, liberada y abandonada y debe morir.

En última instancia, el alma no es más que la última contracción de la conciencia, el nudo más sutil que constriñe al Espíritu universal, la última y más sutil forma de sensación de identidad separada.

Y ese nudo final también debe ser desatado.

Esa es, por así decirlo, la última muerte. Primero muere el yo material -es decir, nos desidentificamos de él—, luego muere la identidad exclusiva con el yo corporal, luego sucede lo mismo con el yo mental y finalmente con el alma.

Esto último es lo que el zen denomina la Gran Muerte.

 

CW 5: Grace and Grit, págs. 120-121

 

 

 

Extracto de “La pura conciencia de Ser”, Ken Wilber.

Editorial Kairós.

(publicado con permiso de la editorial).