Inicio de la tradición del zen: Mahakasyapa

El Venerado por todo el mundo alzó una flor y pestañeó, suscitando la sonrisa de Mahakasyapa.

Mahãkãsyapa fue el primer patriarca. En cierta ocasión, el Venerado por todo el mundo alzó una flor y pestañeó, suscitando la sonrisa de Kasyapo. Entonces el Venerado dijo:
“Tengo conmigo el Tesoro del Ojo del verdadero Dharma y la maravillosa
mente del nirvana, y se lo he transmitido a Mahãkãsyapa”.

(Denkoroku. Maestro Keizan)

En la línea genealógica de la transmisión zen, el primer patriarca indio tras Sãkyamuni es su discípulo Mahãkãsyapa.

En una crónica china del siglo XI se narra que un día el Buddha se dirigió al Pico del Buitre. En poco tiempo se reunió alrededor de él una gran multitud. Miles de personas esperaban pacientemente la palabra del Maestro. Tras haber estado mucho tiempo inmóvil, Sãkyamuni, en silencio, señaló una flor. Ninguno comprendió, Mahãkãsyapa ante ese gesto sonrió.

Este momento se convirtió en el inicio de la tradición zen, la enseñanza más allá de la doctrina, más allá de la comprensión conceptual.

Un momento en el que no se han usado las palabras, solamente una flor y una sonrisa. Mahãkãsyapa estaba preparado para acoger con simplicidad y pobreza de espíritu la comunicación que ese día le ofreció el Buddha como a todos los demás.

Sobre el Pico del Buitre Mahãkãsyapa no aprendió algo, mostró haber abierto los
ojos a la realidad de la vida al ver que “una flor” es solo un nombre de no-se-
sabe-qué.

Imposible cuando ante los ojos del espíritu corre un continuo de ideas, pensamientos y conjeturas que oscurecen enteramente el límpido silencio tras ellas”.

(Comentario de Mauricio Yüshin Marassi)

Ni huésped ni anfitrión

Ni huésped ni anfitrión

Ni huésped ni anfitrión

El antiguo proverbio zen “Ni huésped ni anfitrión” nos habla de la originaria hospitalidad que brota de aquel lugar donde no hay ninguna distinción ni diferencia rígida entre anfitrión y huésped, donde el anfitrión no está en sí en casa, sino que está allí de huésped.

Byung-Chul Han

Abriendo el nuevo año 2019

Kodo Sawaki

Este instante no debe ser la continuación del anterior.

Has de hacer borrón y cuenta nueva y empezar a vivir este año totalmente de nuevo. Has de empezar a vivir este mes totalmente de nuevo, y hoy has de empezar una vez más a vivir este día totalmente de nuevo.

Cada día te enfrentas a ese día por primera vez .

Eterno es sólo este instante eterno aquí y ahora. Este instante ilimitado constituye tu vida presente, que siempre es un hecho totalmente nuevo. También el pasado, contemplado desde el instante presente, es un pasado totalmente nuevo. En el día de hoy te sientas en zazen por primera vez en tu vida.

Cada día es el primero de la vida.

Vive este día como si hubieras venido al mundo en este día. Tienes tu propia tarea. El día de hoy presenta su propia tarea. Si abres los ojos a este instante –aquí y ahora, y en constante movimiento– te darás cuenta de que nada falta en él.

El día de hoy es por completo el día de hoy: completo y concluso.

( Kodo Sawaki )

Las ilusiones engañosas. Robert Aiken

Las “ilusiones engañosas” no son algo pecaminoso o dañino.

Un pensamiento ilusorio es simplemente una distracción de la senda de la iluminación y la compasión. Hay varios tipos de “ilusiones engañosas”.

Una de ellas es la persecución de una fantasía: Cuando estás atrapado en esos pensamientos ilusorios, planeas, recuerdas…, pero siempre es nuestro ego el que está en el centro de esas actividades mentales.

No tendrás éxito si sólo tratas de bloquear tus pensamientos, porque estás tratando de bloquearte a tí mismo y terminarás cansándote. Es importante sentarse con la mente totalmente abierta, tan abierta como el aire. Cuando hay un leve sonido, o un pensamiento, simplemente déjalo pasar. Nota que si estás absorto en la fantasía, estás encerrado en ti mismo.

Otro “pensamiento ilusorio” que surge durante el zazen son las divagaciones. Pensar es una función del cerebro y no estás tratando de cancelar esa función. Estás tratando de invertir (tus esfuerzos) en tu práctica.

Al hacerlo, tus divagaciones morirán gradual y naturalmente. Como decía Yasutani Roshi: “hay gente que ha hecho zazen durante algunos años y que piensa que el objetivo es aquietar sus pensamientos. Si llegáramos a eso, aquietaríamos también nuestra creatividad, y ¿desde dónde vendría entonces el despertar?

Esta práctica en realidad agudiza nuestra habilidad de pensar claramente y alienta un vivo despertar.

Aflojamos las ataduras (Robert Aiken)

Vacuidad es simplemente un término que usamos para expresar aquello que no tiene cualidad y no tiene edad. Es completamente vacío y al mismo tiempo plenamente potente.

Puedes llamarlo naturaleza búdica, naturaleza propia, naturaleza verdadera; pero tales palabras son solamente títulos o indicadores. …

La forma es vacío y, como dice el Sutra del Corazón, el vacío es forma. La infinita vacuidad del universo es la naturaleza esencial de nuestra vida cotidiana.

Al caer en la cuenta de todo esto, comprendemos que somos sólo un montón de percepciones sensoriales, con la sustancia de un sueño o de una burbuja sobre la superficie del mar.

La vanidad de la autopreocupación tan común se vuelve clara, y nos liberamos de intereses egoístas en nuestro disfrute del universo tal como es, y de nuestras propias profundidades anteriormente insospechadas.

La mente está completamente en paz. Nada la ocupa emocional o conceptualmente. En ese lugar de descanso, no estamos atrapados por los pensamientos y así nuestras reacciones dejan de ser egocéntricas.

El zazen es la manera fundamental de cultivar la iluminación y el amor. Cada respiración es el vacío en sí; cada respiración es apropiada.

En los períodos de zazen nos dedicamos totalmente a nuestra práctica. Al regresar a nuestra práctica cuando surgen esos pensamientos ilusorios, nos entrenamos en elegir lo que es fundamentalmente apropiado, y aflojamos las ataduras que nos unen a nuestras ilusiones engañosas.

El Camino es personal e íntimo (Robert Aiken)

Todos los seres son budha.

Todos los seres son la verdad, así como son.

Un gran maestro de la dinastía T’ang (China) usaba la expresión: “¡Sólo esto!”, para presentar el corazón de la experiencia más profunda.

Esta profunda experiencia no está disponible para el observador superficial. Ilusiones y apegos en los que consiste el pensar egocéntrico y conceptual, oscurecen el hecho viviente.

El camino del Zen está enfocado a clarificar esas obstrucciones y ver dentro de la verdadera naturaleza.

Esto puede ser tu camino, el camino medio del zazen, o la meditación sentada. Es una senda completamente nueva.

El doctor Suzuki solía decir que el zen es no ético, con lo que quería decir, según yo lo entiendo, que se origina en la mente. No es intelectual, sino que implica un caer en la cuenta, la pura gnosis de: “¡Sólo esto!”.

También implica la aplicación de este conocimiento en la vida diaria de la familia, el trabajo y el servicio comunitario.

Al encontrar nuestra naturaleza propia, encontramos la verdadera naturaleza de todas las cosas, la que los viejos maestros mostraron tan claramente con sus palabras y acciones.

La experiencia de identidad es íntima, más allá de la explicación.

Es esencial al comienzo de la práctica darse cuenta de que el camino es personal e íntimo.

Debes caminarlo por ti mismo.

Robert Aitken (Emprendiendo del Camino del Zen)

 

 

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Enseñanzas de Hsu Yun (Nube Vacía). 5/5

En cierta ocasión, un señor de la guerra que regresaba a casa tras una exitosa campaña militar, se detuvo en un monasterio. Fue a visitar al abad que era un antiguo profesor suyo.

Estaban sentados en el patio bebiendo té cuando oyeron una discusión entre un novicio y un monje veterano. El novicio se quejaba de que la técnica de meditación que le había dado el monje era ineficaz e inútil y le pedía algo más eficaz que le ayudara a concentrarse.

El señor de la guerra, viendo que el Maestro estaba afligido, se levantó y dijo: “Por favor, Maestro, permítame ayudar a este joven”.

A continuación, llamó a seis de sus arqueros. Llenó su taza de té hasta el borde y se la dio al novicio. “Toma esta taza de té, y, sin derramar una sola gota, llévala por todo el patio”.

El señor de la guerra ordenó a sus arqueros: “¡Seguidle! Si derrama una sola gota, ¡disparadle!” Los arqueros tensaron sus arcos y comenzaron a caminar detrás del novicio que, durante los veinte minutos siguientes, aprendió a concentrarse.

Las enseñanzas del Maestro Hsu Yun (Nube Vacía) 1839-1959

Enseñanzas de Hsu Yun (Nube Vacía). 4/5

Por alguna razón que nadie ha podido determinar aún, a menudo encontramos que cuando nos sentamos a meditar nuestro cojín se convierte en una montaña de hormigas.

Los principiantes Ch’an experimentan con más frecuencia esta misteriosa transformación del cojín, pero antes o después nos sucede a todos. Comenzamos a retorcernos y la única cosa en que podemos pensar es en marcharnos de ese sitio que provoca comezón.

A veces no hay hormigas ahí. Pero todos nos acordamos de repente de muchas cosas importantes que hemos olvidado hacer; ordenar los libros de nuestra biblioteca; comprar fideos para la cena; leer el periódico. Claramente estas cosas deben ser atendidas y nos levantamos del cojín.

Queridos amigos, ¿Cómo podemos mantener nuestras buenas intenciones? ¿Cómo podemos prevenir nuestra resolución de dimitir tan drásticamente?

 

Las enseñanzas de Hsu Yun (Nube Vacía) 1839-1959

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Enseñanzas de Hsu Yun (Nube Vacía). 3/5

Aunque podemos hacer muchas meditaciones mientras caminamos o trabajamos, cuando nos sentamos formalmente a meditar debemos ser cuidadosos en mantener una buena posición y respirar correctamente.

Queridos amigos, aunque pueden derivar muchos beneficios de nuestros esfuerzos, la meditación es un ejercicio espiritual, no un régimen terapéutico.

No meditamos para contrarrestar alteraciones fisiológicas o para ayudarnos a hacer frente a las frustraciones del ego. Meditamos para trascender el ego-conciencia y realizar nuestro Yo Búdico.

Nuestra intención es entrar en el Nirvana, no hacer más tolerable la vida en el Sansara.

Esta instrucción puede ser desconcertante, lo sé. Mucha gente piensa que está meditando cuando alcanza un estado de paz y tranquilidad que les proporciona.

Pero el quietismo no es meditación.

Acorralar un caballo salvaje no le hace manso ni reaccionar a las riendas. Puede reposar durante un rato y parecer tranquilo. Incluso puede comenzar a pacer. Pero cuando se abra la puerta se escapará tan salvaje como siempre.

En Nan Hua Si, el monasterio del Sexto Patriarca, una vez hubo un monje que empleaba muchas horas cada día en sentarse tranquilamente sobre su cojín, disfrutando de la paz y la tranquilidad que le traía. Pensaba que estaba meditando.

Hui Neng, el Sexto Patriarca, dándose cuenta del error del monje se acercó a él. “¿Por qué dedicas tanto tiempo a tu cojín?” Le preguntó.

El monje levantó los ojos, sorprendido. “Porque quiero hacerme un Buda”, respondió”.

Hui Neng sonrió. “¡Hijo mío” dijo, “¡puedes hacer un espejo puliendo un ladrillo antes que hacerte un Buda sentado en el cojín!”

 

Las enseñanzas de Hsu Yun (Nube Vacía) 1839-1959

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Enseñanzas de Hsu Yun (Nube Vacía). 2/5

En ocasiones la enseñanza del Ch’an, del zen, puede ser tan frustrante como su aprendizaje.

Hubo una vez un Maestro Ch’an que se encargó de la instrucción de tres novicios. Les explicó la necesidad de la disciplina espiritual y les ordenó que, empezando en ese mismo momento, observaran la regla del silencio absoluto. Después, sosteniendo su dedo en sus labios, les ordenó que fueran a sus habitaciones.

El primer novicio dijo, “Oh, Maestro, ¡déjeme decirle lo agradecido que estoy por recibir su instrucción!”.

El segundo novicio dijo, “¡Tonto! ¿No te das cuenta de que hablando has roto la ley del silencio?

Y el tercero levantó las manos, en un gesto de desesperación, y se lamentó, “¡Señor! ¿Soy aquí la única persona capaz de seguir órdenes?.

 

Enseñanzas del Maestro Hsu Yun: Nube Vacía (1839-1959)

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Enseñanzas de Hsu Yun (Nube Vacía). 1/5

El zen es una enseñanza que se transmite fuera de los caminos regulares de la religión, sin acudir a muchas palabras o explicaciones.

El zen es la enseñanza más elevada y directa, que lleva a la iluminación instantánea, siempre que sea uno capaz de entenderlo de repente.

El trabajo de nuestro Ch’an no tiene un proceso gradual o etapas sucesivas, consiste en captar instantáneamente nuestra propia naturaleza de buda.

Pero, siendo así, ¿qué necesidad hay de practicar más intensamente durante un periodo más o menos prolongado de tiempo?

La capacidad de las personas para practicar el dharma se deteriora incesantemente.

Existen demasiadas distracciones en sus mentes. Por lo tanto, los Patriarcas han ideado métodos y técnicas especiales como la práctica intensiva del sesshin, el koan, la caminata rápida, etc… para enfrentar esta situación y ayudar a todas las personas en su práctica.

 

Las enseñanzas de Hsu Yun. (Nube Vacía 1839-1959)

 

(Hsu Yun murió a la edad de 120 años y fue monje durante 101. Nuestra línea debe su nombre a este gran Maestro).

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Hacer zazen, 3 (Kosho Uchiyama)

Kosho Uchiyama

(Hacer zazen 3. Kosho Uchiyama)

 

Sentarse en zazen para alcanzar una experiencia cualquiera es una cuestión de voracidad humana.

Solo cuando vamos más allá de las ambiciones y de los afanes humanos comenzamos a enderezarnos hacia la enseñanza de Buda. Yendo más allá de estos apetitos,  naturalmente nos preguntamos hacia donde estamos yendo… es dentro de la profundidad de la vida.

Sentarse en zazen significa sentarse en presencia de la profundidad de la vida. Has de saber que zazen no es una actividad que se encuentre en el reino de los valores
simplistas mono dimensionales, es decir, los valores de ganar o perder, de vivir o morir. Al contrario, zazen es el hecho de sentarse en presencia de la profundidad de la propia vida, que es una profundidad pluridimensional.

Siempre digo que zazen no es un tipo de disciplina. Mientras que tú te sientes  buscando disciplinar la mente o cualquier otra cosa, habrá un resultado unido siempre a la disciplina, que tú ves y del cual te sientes muy satisfecho. En cambio hacer zazen significa únicamente sentarse en presencia de una profundidad insondable, es un sí mismo completamente contenido, no hay una escala externa de medida.

Sentarse como disciplina, en cambio, implica la asunción de un metro con el cual medirse, provocando satisfacción al ver cuánto has “progresado” en relación a antes, o valorando cuán adelante estás respecto a algún otro. Con zazen en cambio no hay metro.

Puesto que estamos hablando de un sí mismo que está completo en sí mismo, aquello de lo que hablamos es de solamente sentarse.

 

(Kôshô Uchiyama Rôshi (1912-1998)