…muy sencilla y muy evidente (Ken Wilber)

El Testigo es un gran paso hacia adelante y un estadio imprescindible y necesario de la meditación, pero no es el último.

Cuando finalmente se desvanece, el alma o el Testigo acaba disolviéndose en todo aquello que contempla. Entonces se colapsa la dualidad sujeto / objeto y sólo queda la conciencia pura no dual, que es muy sencilla y muy evidente.

Como dijo un famoso maestro zen cuando alcanzó la iluminación:

cuando escuché sonar la campana desaparecieron súbitamente el «yo» y la «campana» y solo había tañido.

Extracto de “La pura conciencia de Ser”, Ken Wilber.
Editorial Kairós.
(publicado con permiso de la editorial).

Zen día a día. Las relaciones no son para nosotros (5/5)

Conforme luchamos por salir adelante en la vida y nos damos cuenta de las limitaciones existentes en nuestras relaciones con unos o con otros, de las deficiencias de nuestro trabajo u ocupación concretos, uno de los errores que nos ciegan es la idea de que “yo mantengo una relación con otra persona o situación”.

Pongamos por caso que estemos casados. La manera normal de entender el matrimonio es creer que “estoy casada/o con él/ella», ahí habrá dos personas, y en el verdadero ser no es posible que haya dos.

El verdadero ser manifiesta de diferentes formas, pero, en esencia, permanece como un único ser, un solo potencial de energía.

Si bien de manera coloquial puedo decir que estoy casada/o contigo, que poseo un Toyota o que tengo cuatro hijos pequeños, hemos de darnos cuenta de que esto no es exactamente la verdad.

Lo cierto es que no estamos casados con alguien o comprometidos con algo; somos esa persona, yo soy eso con lo que me comprometo. El Verdadero Ser desconoce la separación. Llegado a este punto, podrías plantear que todo esto suena muy bonito, pero que en la práctica, no sabemos que hacer con las dificultades y problemas de la vida.

 

(extraído del libro “Zen día a día”, de Charlotte Joko Beck, editado por Gaia. Publicado con permiso del editor) 

Zen día a día. Las relaciones no funcionan (4/5)

Tras haber estado en un buen Sesshin, fuera de mi país, lo que saqué en claro (como siempre) es que, independientemente de dónde vayas, las personas son personas: maravillosas y todas con problemas, como sucede en cualquier parte; de modo que los mismos interrogantes que preocupan a unos, nos atormentan igualmente a nosotros.

Por tanto, quisiera hablarles sobre las ilusiones que albergamos acerca de que las relaciones sí van a funcionar.

En realidad, no funcionan; es así de simple. Nunca ha habido una relación que funcione. Puedes decir: Entonces, ¿ Para qué hago esta práctica si lo que dices es cierto? Lo que provoca que nuestras relaciones sean tan insatisfactorias es el hecho de pretender que funcionen.

De alguna manera, es posible que la vida funcione, pero no partiendo desde el punto de vista de que nosotros podemos hacer algo para que así sea.

En todo lo que hacemos al relacionarnos con otras personas hay expectativas más o menos sutiles.

Pensamos: “De la manera que sea, tengo que entender bien esta relación y hacer que funcione, así conseguiré lo que quiero«. Siempre queremos obtener algo de las personas con quienes nos relacionamos. Ninguno de nosotros puede decir lo contrario. E incluso si evitamos las relaciones, esa postura es otra manera de intentar lograr algo.

(extraído del libro “Zen día a día”, de Charlotte Joko Beck, editado por Gaia. Publicado con permiso del editor) 

Zen día a día. Experimentación y conducta. (parte 3/5)

Quisiera acercarles a lo que entiendo por experimentar:

A ese primer momento, previo a la intervención mental, en que recibimos a la vida.

Así por ejemplo, antes de pensar: “¡Ah! Eso es una camisa roja”, tan solo existe el ver.

De modo que podemos diferenciar entre lo que se presenta, simplemente lo que hay y el Mundo que se forma al instante, el otro lado de lo que se presenta.

La mayoría de nosotros somos solo ligeramente conscientes de nuestras experiencias.

Lo que observamos es la conducta. No podemos observar la experiencia.

En el momento que tiene lugar la observación de un acontecimiento, este ya ha pasado y la experiencia nunca ocurre en el pasado.

Yo no soy nada de lo que pueda observar acerca de mi misma.

Eso tan solo es mi conducta, el Mundo fenoménico: Lo que soy se está experimentando a sí mismo, por siempre desconocido.

Desaparece en el instante en que lo nombro.

 

Charlotte Joko Beck. “Experimentación y conducta”.

(extraído del libro “Zen día a día”, de Charlotte Joko Beck, editado por Gaia. Publicado con permiso del editor) 

Zen día a día. La búsqueda (parte 2/5)

Todos los momentos de nuestra vida conforman alguna relación.

A medida que practicamos, aumentamos, en primer lugar, la toma de conciencia de que no hay nada más que la relación que establecemos con lo que está ocurriendo en cada
momento, sea lo que sea. Y, en segundo lugar, nuestro creciente compromiso con esa relación.

Parece algo tan sencillo, pero…

¿Qué está obstruyendo nuestro compromiso con una relación humana, con unos estudios, con el trabajo, con disfrutar de la vida? ¿Qué es lo que dificulta las relaciones?

Debido a que no siempre comprendemos lo que significa estar relacionándonos con el momento presente, buscamos algo más, pasando a ser un buscador, porque tenemos la sensación de que a nuestra vida le falta algo, se busca “el verdadero ser” , “una vida autentica”…

Por tanto, si queremos que la sensatez, la claridad o la paz impregnen nuestra vida, habremos de comprender el fundamento de toda búsqueda.

¿Qué estamos buscando?

Todos buscamos una vida ideal como la pareja ideal, el trabajo o lugar donde vivimos.

La práctica se convierte también en búsqueda de la “iluminación”, por ejemplo.

Por tanto, la práctica será una manera de desmontar las ideas que tenemos al respecto.

¿Qué nos queda si dejamos de remirar y buscar? La angustia y el dolor que ha motivado la búsqueda propiamente.

Ese es el momento mágico, nos percatamos de que la solución no pasa por buscar algo exterior a nosotros mismos, terminando en un desengaño.

Tan solo saberlo ya es un alivio, nos genera paz, de esta manera
vamos abandonando la búsqueda, consistiendo la práctica en permanecer con todos esos malestares que la búsqueda nos ha producido, todo da un vuelco.

La práctica consiste en vivir esas experiencias.

En este preciso momento cada uno de nosotros puede echar un vistazo a su propia vida.

La voluntad firme de practicar deriva de la convicción de que no hay otra cosa que hacer.

 

Charlotte Joko Beck. “La búsqueda”.

(extraído del libro “Zen día a día”, de Charlotte Joko Beck, editado por Gaia. Publicado con permiso del editor) 

Zen día a día. Charlotte Joko Beck (parte 1/5)

“Hace escasas semanas, una mujer joven (no era practicante zen) vino a charlar conmigo y me contó lo que su marido le había hecho hacía tres semanas: Estaba muy, muy disgustada, tanto que apenas podía hablar. Así que le pregunté:

-¿Dónde está tu esposo ahora mismo?

-En el trabajo.

– Bien, y ¿dónde está el disgusto, dónde está la pelea, dónde está todo eso?

-Bueno, te lo estoy contando.

– Le pregunté: Pero ¿Dónde está? Muéstramelo.

– No puedo mostrártelo, te lo estoy contando… “mira, así es como ocurrió…”

– Pero ¿Cuando ocurrió?

– Hace tres semanas.

– ¿Dónde está?

– Pues…

Se estaba sintiendo molesta por momentos. Finalmente pudo comprender que no había nada en su disgusto que tuviese alguna consistencia real.

Entonces me dijo: Pero si todo lo que hay es eso ¿Cómo puedo arreglar la situación con mi marido?

 

(extraído del libro “Zen día a día”, de Charlotte Joko Beck, editado por Gaia. Publicado con permiso del editor)