Aún no has comprendido nada…

Cierta vez, Castermane le comentó a su maestro Dürckheim:

“Siento que pierdo mucho tiempo; en mis quehaceres cotidianos, en mis desplazamientos. Las tiendas más cercanas están a tres kilómetros del zendo. Ya en la carnicería, en el supermercado o en la lavandería, siempre está lleno de gente y hay que esperar a que nos atiendan, hay que esperar en las cajas…”.

El maestro le respondió:

“Aún no has comprendido nada del trabajo que hacemos aquí”.

(Jacques Castermane. Las lecciones de Dürckheim)

Tiempo infinito

Yo iba con retraso. No deseaba entrar en el zendo, donde nos reuníamos para la meditación matutina, después de que el maestro Dürckheim lo hubiera hecho. Caminaba por tanto con paso rápido.
Pude alcanzar al maestro, quien avanzaba con cuidado sobre la resbaladiza nieve. Él también estaba algo retrasado esa mañana. En el preciso momento en el que lo adelantaba, se cruzó con nosotros un campesino de la aldea. Pasé deprisa y lo saludé, también deprisa, con un gesto de la mano. Conocía muy bien a ese hombre, pero era necesario que comprendiera que no disponía de tiempo para detenerme.
Advertí que Dürckheim se paraba a saludar al campesino. Una sola ojeada me bastó para ver cómo estaba allí, enteramente presente para ese hombre, tomándose su tiempo para decirle unas palabras.
Yo sentí que él disponía de un tiempo infinito durante algunos segundos. Yo era testigo, mientras me alejaba, de la calidad de ese encuentro, algo que nada tiene que ver con la duración de un encuentro.

Jacques Castermane. “Las lecciones de Dürckheim”.
Jacques Castermane

No – dualidad y sentido de la vida

Reflexiones

La pregunta por el sentido de la vida únicamente podrá recibir una respuesta adecuada si se responde previamente a la cuestión esencial: ¿quién soy yo?

Yo soy el Mar, con forma de ola, pero soy el Mar y siempre lo seré. Esa es mi esencia, también la puedo llamar Totalidad, Amor, Dios, Vida, eso es permanente, siempre va conmigo.

Nos percatamos de que el sentido tiene un carácter permanente y totalizador: es lo que permanece siempre -frente a la impermanencia característica de las formas- y abraza a la totalidad de lo que es.
Esto resulta admirablemente coherente: si lo Real es una inmensa red en la que nada queda desconectado, el sentido participa de esa misma característica de Unidad que todo lo abraza.

Cuando tras el silencio de la mente, despertamos, todo queda modificado. Anclados en nuestra verdadera identidad, experimentamos la Vida que fluye: todo es Presencia, Consciencia, Amor… Enraizados ahí, la plenitud no es un objeto que lograr, sino otro nombre de nuestra identidad; no es algo inasible que necesita ser proyectado al futuro -tal como hace el yo-, sino exactamente lo contrario: aquello que nos constituye.

Mi mente seguirá sin tener todas las respuestas, pero lo que soy lo experimento como una certeza que supera toda duda.
Dejo de proyectar el sentido en cualquier otro objeto (material o mental, dinero, poder, salud, parejas, éxito, etc.) para descubrirlo como el fondo permanente de lo Real que en todo momento me sostiene, porque en realidad me constituye, porque soy ola y porque soy Mar.

El “propósito” o sentido de la vida no consiste en otra cosa que en ser lo que somos, vivir conscientemente en el presente, hacer lo que en este momento estamos haciendo…; es así cuando nos “reconocemos uno” con la Vida, con Dios… Es la plenitud de sentido.

Enrique Martínez Lozano.
Otro modo de ver, otro modo de vivir. Invitación a la no-dualidad.
Desclée De Brouwer.

Es debido a vuestra falta de fe el que corráis…

Maestro zen Lin-Chi por el Maestro zen Hakuin (1685-1768)

Seguidores de la Vía, las personas de primera clase saben, en este mismo instante, que desde el principio nunca ha habido nada que hacer.

Es debido a vuestra falta de fe el que corráis, de instante en instante, en busca de algo. Tiráis vuestra cabeza y luego la buscáis, y da la sensación de que no os podéis detener.

Sois como los bodhisattvas de la iluminación perfecta e inmediata, que manifiestan su cuerpo en el ámbito del Dharma pero que, en medio de la Tierra Pura, siguen odiando el estado de los comunes mortales y rezan por convertirse en sabios.

La gente de esta clase todavía debe olvidarse de discriminar. Sus mentes siguen ocupadas con pensamientos de pureza o impureza.

Pero la escuela Ch’an no ve las cosas de este modo. Lo que importa es el momento presente; no hay nada que exija un acopio de tiempo.

Extraído de «Las Enseñanzas Zen del Maestro Lin-Chi», Editorial Los libros de la liebre de marzo. (Con permiso del editor).

Vivir desde la no-dualidad

Luz y oscuridad, día y noche.

Existe una tendencia, primitiva y universal, a ordenar la realidad en pares opuestos. Algunos científicos lo llaman el operador binario, es decir, una especie de módulo que hace posible el pensamiento dualista y que está localizado en el lóbulo parietal izquierdo de nuestro cerebro.

Es de suponer que nosotros hemos desarrollado esta capacidad o facultad – ordenar la realidad en términos antitéticos – porque de esta manera adquirimos conocimientos sobre el mundo que nos rodea. Esta es la tarea fundamental del cerebro que, a su vez, necesita esa información para garantizar nuestra supervivencia en el entorno.

Una de las expresiones más simples de esta dicotomía es la que existe entre Yo y el mundo. Es gracias al pensamiento dualista que diferenciamos claramente entre el Yo y el resto de lo creado.

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El Sabio se acomoda en el no-actuar

En el mundo todos saben por qué lo bello es bello, y así aparece lo feo.
Todos saben lo que es bueno,
y entonces aparece lo que no es bueno.
Ser y no-ser se engendran mutuamente,
lo difícil y lo fácil se producen mutuamente,
lo largo y lo corto se forman mutuamente,
lo alto y lo bajo se colman mutuamente,
el sentido y el sonido se armonizan mutuamente, delante y detrás se siguen mutuamente,
es una ley constante.
Por eso el sabio se acomoda en el no-actuar, ejercita la enseñanza sin palabras.
Desarróllanse por sí mismos los infinitos seres sin que él les dé comienzo;
y no se impone (a ellos);
los lleva a la perfección.
Justamente porque no se apodera de ellos,
por eso mismo no le abandonan”.
 



(Tao Te Ching; El libro del Tao; Lao Tse; A9 46 II)
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…muy sencilla y muy evidente (Ken Wilber)

El Testigo es un gran paso hacia adelante y un estadio imprescindible y necesario de la meditación, pero no es el último.

Cuando finalmente se desvanece, el alma o el Testigo acaba disolviéndose en todo aquello que contempla. Entonces se colapsa la dualidad sujeto / objeto y sólo queda la conciencia pura no dual, que es muy sencilla y muy evidente.

Como dijo un famoso maestro zen cuando alcanzó la iluminación:

cuando escuché sonar la campana desaparecieron súbitamente el «yo» y la «campana» y solo había tañido.

Extracto de “La pura conciencia de Ser”, Ken Wilber.
Editorial Kairós.
(publicado con permiso de la editorial).

Zen día a día. Las relaciones no son para nosotros (5/5)

Conforme luchamos por salir adelante en la vida y nos damos cuenta de las limitaciones existentes en nuestras relaciones con unos o con otros, de las deficiencias de nuestro trabajo u ocupación concretos, uno de los errores que nos ciegan es la idea de que “yo mantengo una relación con otra persona o situación”.

Pongamos por caso que estemos casados. La manera normal de entender el matrimonio es creer que “estoy casada/o con él/ella», ahí habrá dos personas, y en el verdadero ser no es posible que haya dos.

El verdadero ser manifiesta de diferentes formas, pero, en esencia, permanece como un único ser, un solo potencial de energía.

Si bien de manera coloquial puedo decir que estoy casada/o contigo, que poseo un Toyota o que tengo cuatro hijos pequeños, hemos de darnos cuenta de que esto no es exactamente la verdad.

Lo cierto es que no estamos casados con alguien o comprometidos con algo; somos esa persona, yo soy eso con lo que me comprometo. El Verdadero Ser desconoce la separación. Llegado a este punto, podrías plantear que todo esto suena muy bonito, pero que en la práctica, no sabemos que hacer con las dificultades y problemas de la vida.

 

(extraído del libro “Zen día a día”, de Charlotte Joko Beck, editado por Gaia. Publicado con permiso del editor) 

Zen día a día. Las relaciones no funcionan (4/5)

Tras haber estado en un buen Sesshin, fuera de mi país, lo que saqué en claro (como siempre) es que, independientemente de dónde vayas, las personas son personas: maravillosas y todas con problemas, como sucede en cualquier parte; de modo que los mismos interrogantes que preocupan a unos, nos atormentan igualmente a nosotros.

Por tanto, quisiera hablarles sobre las ilusiones que albergamos acerca de que las relaciones sí van a funcionar.

En realidad, no funcionan; es así de simple. Nunca ha habido una relación que funcione. Puedes decir: Entonces, ¿ Para qué hago esta práctica si lo que dices es cierto? Lo que provoca que nuestras relaciones sean tan insatisfactorias es el hecho de pretender que funcionen.

De alguna manera, es posible que la vida funcione, pero no partiendo desde el punto de vista de que nosotros podemos hacer algo para que así sea.

En todo lo que hacemos al relacionarnos con otras personas hay expectativas más o menos sutiles.

Pensamos: “De la manera que sea, tengo que entender bien esta relación y hacer que funcione, así conseguiré lo que quiero«. Siempre queremos obtener algo de las personas con quienes nos relacionamos. Ninguno de nosotros puede decir lo contrario. E incluso si evitamos las relaciones, esa postura es otra manera de intentar lograr algo.

(extraído del libro “Zen día a día”, de Charlotte Joko Beck, editado por Gaia. Publicado con permiso del editor) 

Zen día a día. Experimentación y conducta. (parte 3/5)

Quisiera acercarles a lo que entiendo por experimentar:

A ese primer momento, previo a la intervención mental, en que recibimos a la vida.

Así por ejemplo, antes de pensar: “¡Ah! Eso es una camisa roja”, tan solo existe el ver.

De modo que podemos diferenciar entre lo que se presenta, simplemente lo que hay y el Mundo que se forma al instante, el otro lado de lo que se presenta.

La mayoría de nosotros somos solo ligeramente conscientes de nuestras experiencias.

Lo que observamos es la conducta. No podemos observar la experiencia.

En el momento que tiene lugar la observación de un acontecimiento, este ya ha pasado y la experiencia nunca ocurre en el pasado.

Yo no soy nada de lo que pueda observar acerca de mi misma.

Eso tan solo es mi conducta, el Mundo fenoménico: Lo que soy se está experimentando a sí mismo, por siempre desconocido.

Desaparece en el instante en que lo nombro.

 

Charlotte Joko Beck. “Experimentación y conducta”.

(extraído del libro “Zen día a día”, de Charlotte Joko Beck, editado por Gaia. Publicado con permiso del editor) 

Zen día a día. La búsqueda (parte 2/5)

Todos los momentos de nuestra vida conforman alguna relación.

A medida que practicamos, aumentamos, en primer lugar, la toma de conciencia de que no hay nada más que la relación que establecemos con lo que está ocurriendo en cada
momento, sea lo que sea. Y, en segundo lugar, nuestro creciente compromiso con esa relación.

Parece algo tan sencillo, pero…

¿Qué está obstruyendo nuestro compromiso con una relación humana, con unos estudios, con el trabajo, con disfrutar de la vida? ¿Qué es lo que dificulta las relaciones?

Debido a que no siempre comprendemos lo que significa estar relacionándonos con el momento presente, buscamos algo más, pasando a ser un buscador, porque tenemos la sensación de que a nuestra vida le falta algo, se busca “el verdadero ser” , “una vida autentica”…

Por tanto, si queremos que la sensatez, la claridad o la paz impregnen nuestra vida, habremos de comprender el fundamento de toda búsqueda.

¿Qué estamos buscando?

Todos buscamos una vida ideal como la pareja ideal, el trabajo o lugar donde vivimos.

La práctica se convierte también en búsqueda de la “iluminación”, por ejemplo.

Por tanto, la práctica será una manera de desmontar las ideas que tenemos al respecto.

¿Qué nos queda si dejamos de remirar y buscar? La angustia y el dolor que ha motivado la búsqueda propiamente.

Ese es el momento mágico, nos percatamos de que la solución no pasa por buscar algo exterior a nosotros mismos, terminando en un desengaño.

Tan solo saberlo ya es un alivio, nos genera paz, de esta manera
vamos abandonando la búsqueda, consistiendo la práctica en permanecer con todos esos malestares que la búsqueda nos ha producido, todo da un vuelco.

La práctica consiste en vivir esas experiencias.

En este preciso momento cada uno de nosotros puede echar un vistazo a su propia vida.

La voluntad firme de practicar deriva de la convicción de que no hay otra cosa que hacer.

 

Charlotte Joko Beck. “La búsqueda”.

(extraído del libro “Zen día a día”, de Charlotte Joko Beck, editado por Gaia. Publicado con permiso del editor) 

Zen día a día. Charlotte Joko Beck (parte 1/5)

“Hace escasas semanas, una mujer joven (no era practicante zen) vino a charlar conmigo y me contó lo que su marido le había hecho hacía tres semanas: Estaba muy, muy disgustada, tanto que apenas podía hablar. Así que le pregunté:

-¿Dónde está tu esposo ahora mismo?

-En el trabajo.

– Bien, y ¿dónde está el disgusto, dónde está la pelea, dónde está todo eso?

-Bueno, te lo estoy contando.

– Le pregunté: Pero ¿Dónde está? Muéstramelo.

– No puedo mostrártelo, te lo estoy contando… “mira, así es como ocurrió…”

– Pero ¿Cuando ocurrió?

– Hace tres semanas.

– ¿Dónde está?

– Pues…

Se estaba sintiendo molesta por momentos. Finalmente pudo comprender que no había nada en su disgusto que tuviese alguna consistencia real.

Entonces me dijo: Pero si todo lo que hay es eso ¿Cómo puedo arreglar la situación con mi marido?

 

(extraído del libro “Zen día a día”, de Charlotte Joko Beck, editado por Gaia. Publicado con permiso del editor)